Posterous theme by Cory Watilo

Regar las macetas.

Una tarde en la primavera, en Ciudad de México. Subo a la azotea de la casa para regar las macetas. La mayoría son cactus de varias especies.
Conecto la manguera a la llave de agua y la desenredo; la llevo hasta una esquina de la azotea donde colocan una planta espinosa, inclinándome para no engancharme al cordón que usan para tender la ropa. Abro la llave y regreso a aquella planta. Unos segundos después, sale el agua de la manguera, pero no impetuosamente porque me molesta que se levante polvo.
Regando las macetas, oigo al agua que cambia su tono: cae a la tierra, pega ligeramente las hojas gruesas de cactus, o pasa por la superficie de unos cactus espinosos o peludos, lo que, por alguna razón, me hace asociar esto con un ascetismo sintoísta en el que la gente se expone a la cascada. El sol anaranjado, que se pondrá dentro de poco, pinta mi sombra en la pared con nitidez. Se ve hasta mi cabello suelto.
Sigo viendo el agua con los ojos observadores y la cabeza vacía. El agua levanta la tierra suave y seca; moja unas piedras sobre ella; rocia unas gotas polvorosas que van a caer sobre mis pies que llevan chanclas; a veces rebosa de la maceta.
Siento el sol en la espalda; agrega a la pared un poco de matiz anaranjado. La tierra se sube y se baja con el agua.
Terminando de regarlas todas, tiro la manguera para ir a cerrar la llave. Al caerse, hace un sonido del choque de metal contra concreto, que resuena en mi mente vacía.